miércoles, 5 de abril de 2017

Reto Marzo


45 - Crea un relato que contenga una escena en la ducha.


El trabajo estaba acabado. Por desgracia no había sido un trabajo limpio. Era lo que más odiaba de esta profesión, cuando un giro inesperado desbarataba todo los planes. También podía ser culpa mía, pero no. Claro que no lo era, por algo se me consideraba un profesional y por eso mismo habían contado conmigo para hacer ese trabajo. Si algo se torcía yo sabía la manera de arreglarlo, pasara lo que pasara, yo cumplía con el trabajo y eso es lo único que interesaba. Por eso era el mejor.

Y ese era el último nombre de la lista, pero necesitaba limpiarme. Así que me desnudé y doble con cuidado el traje, la camisa y los pantalones. Los dejé encima del lavabo, para que no se ensuciasen. Desnudo, me miré al espejo. Me pasé la mano por mi cabeza recién rapada y por la raja que ahora cubría mi mejilla izquierda. Mi reflejo me devolvió una mirada cansada. 

<<Estoy cansado>> Pensé << Pero este es mi último trabajo. Me he ganado una buena jubilación.>>

Con cuidado pasé por encima del cadáver que había en mitad del baño. La existencia de ese hombre pasó a ser un simple nombre tachado en el mismo momento en el que le asesté el golpe de gracia. No tenía que haber sido así, pero así fue. Se suponía que iba a ser algo limpio y sin complicaciones. El último nombre era un objetivo relativamente fácil, pero lo subestimé. Supongo que fueron las ansias por acabar el encargo. Y no había cabida a ningún tipo de emoción.

El agua de la ducha empezó a correr. Sentía cómo resbalaba por mi piel, purificando mi ser. Era lo único que necesitaba. Una vez atravesara la puerta de aquella casa, sería un hombre nuevo, y no podía acabar esta vida sucio. Dejé que el agua siguiera corriendo libremente un rato hasta que procedí a lavarme.

Me sequé y fui a la habitación. Abrí el macuto y me vestí con el traje de repuesto que siempre llevaba. Guardé el usado para tirarlo en cualquier sitio lejos de allí. Salí despacio, sin echar la vista atrás. 






— Está hecho. — Colgué el teléfono y lo tiré a la papelera del aeropuerto.

Subiendo al avión, sonreí por primera vez en quince años. Ahora era un hombre nuevo, un hombre que podía sonreír.

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